Intolerancias, ¿por qué se producen?

Algunas intolerancias son de nacimiento. Hay bebés, por suerte muy pocos, que nacen con una intolerancia a la lactosa que les impide incluso consumir la leche de su madre. Pero en la mayoría de los casos, las intolerancias se presentan con el paso del tiempo y hay que diagnosticarlas mediante un test de intolerancias alimentarias.

Actualmente, se reconoce la intolerancia a la lactosa y la sensibilidad al gluten, una especie de intolerancia que no tiene nada que ver con la celiaquía. Se están estudiando otras intolerancias, como la intolerancia a la fructosa.

A consecuencia de otras enfermedades

En algunos casos, las intolerancias pueden ser la consecuencia de una enfermedad. Por ejemplo, algunas personas desarrollan una intolerancia a la lactosa tras haber tenido un problema que obliga a extirparles la vesícula. La vesícula juega un papel muy importante en la digestión ya que almacena la bilis. Al no contar con este órgano, se cuenta con menos bilis para el proceso digestivo que puede ser más complicado y difícil.

Lógicamente, se produce también un daño en la flora intestinal ya que son frecuentes las diarreas. Y esto hace que ciertas comidas sean muy difíciles de digerir. Con el intestino sensible puede descender la producción de lactasa, que es la enzima que se encarga de digerir el azúcar de la leche. Y, por tanto, la persona desarrolla una intolerancia.

Intolerancias temporales o permanentes

Desarrollar una intolerancia no es sinónimo de que esta tenga que ser permanente. Por ejemplo, el caso que hemos visto de intolerancia a la lactosa derivado de un daño en el vesícula, podría ser reversible. Una vez que se ha recuperado la flora intestinal y que el organismo comienza a adaptarse a funcionar sin vesícula todo se regula de nuevo y es posible comer y beber con normalidad.

En este caso, podría ser que se volviera a producir la lactasa sin problemas y que la persona pudiera consumir sin problemas lácteos y sus derivados. Hablaríamos entonces de una intolerancia temporal. Algo también frecuente cuando hay una gastritis. Pero en el caso de que el organismo deje de producir lactasa o la produzca en poca cantidad y no sea suficiente para consumir lácteos y lo haga para siempre, estaríamos ante una intolerancia permanente.

Cuando una intolerancia se prolonga en el tiempo tiene muchas más posibilidades de convertirse en permanente. Una manera de tratar de evitarlo es con el consumo de probióticos para tratar de recomponer la salud intestinal lo más rápido posible.